Nuestro actual sistema energético necesita un cambio profundo


Necesitamos un cambio estructural en profundidad de nuestro sistema energético. El modelo actual busca la manera de producir cada vez más y vendernos toda la energía que somos capaces de demandar; este modelo es insostenible ya que nos lleva  irremediablemente a un camino sin retorno.

Este cambio necesario pasa por optimizar el gasto energético al máximo, utilizar los recursos naturales a nuestro alcance y adoptar los medios más eficientes de aprovechamiento energético para adecuar nuestro consumo a la energía de que disponemos. Pero tampoco podemos olvidarnos de garantizar la seguridad de suministro, la sostenibilidad medioambiental y la eficiencia económica, que asegure nuestra competitividad en los mercados. Son muchos los requisitos que tomar en consideración.

Otro de los puntos a tener en cuenta es el almacenamiento de la energía. A día de hoy sigue siendo uno de nuestros grandes retos.  La solución perfecta pasaría por almacenar los excedentes que se generan en determinados momentos para que puedan ser utilizados en los periodos en que la demanda excede a la oferta. Pero la energía eléctrica no puede ser almacenada de modo sencillo. Existen algunas soluciones pero adolecen de los mismos problemas que los sistemas tradicionales de producción y distribución: son grandes infraestructuras con un coste muy elevado tanto económico como de impacto ambiental.

Entonces,  ¿qué podemos hacer?  La electricidad no se almacena, sino que fluye constantemente desde los puntos de producción hasta los de consumo a través de la red eléctrica. Surge entonces la necesidad de crear una red de distribución capaz de ayudarnos a gestionar activamente la demanda,  ¿cómo?   Informándonos en tiempo real del exceso o de la escasez, tanto de la producción como de la demanda y así decidir cómo gestionamos nuestro propio consumo y, por qué no, también nuestra propia producción.

 

Para lograr este cambio estructural de nuestro sistema eléctrico es necesaria una red capaz de informar en tiempo real, capaz de hacer previsiones, capaz de desconectar tanto consumos como generación útil en caso necesario. En definitiva, una red capaz de analizar la situación y ejecutar decisiones. Aparece así el concepto de Red Eléctrica Inteligente (REI), un instrumento necesario para gestionar eficazmente tanto la oferta como la demanda de energía en un entorno de creciente generación variable y distribuida debido a la introducción de las energías renovables. Pero para poder implantar esta Red Inteligente se necesita un cambio de infraestructura, sumamente costoso y que requiere de proyectos a gran escala difíciles de asumir. Entonces,  ¿qué hará que la Red Inteligente pueda ser una realidad?

En mi opinión, primeramente la legislación. Los cerca de 28 millones de contadores eléctricos residenciales instalados en España deberán cambiarse por ley (ORDEN ITC/3860/2007, 28 diciembre que define el plan de sustitución de equipos de medida). La orden regula que todos los contadores para suministros de hasta 15 kW deberán ser sustituidos antes de 31 de diciembre de 2018 de acuerdo al siguiente plan:  un 30% antes de que finalice 2010, otro 20% hasta el fin de 2012, un 20% más hasta el final de 2015 y el 30% restante hasta que concluya 2018. Los nuevos contadores deberán ser equipos que permitan la discriminación horaria y la telegestión, leerán el consumo en todo momento y enviarán los datos a un centro de gestión de la compañía eléctrica a través de la red de baja tensión y concentradores (el mismo cableado usado para distribuir la corriente eléctrica). Se sabrá así el consumo puntual y en tiempo real de la electricidad en toda España y se podrá distribuir más eficazmente, con el establecimiento del recorrido más adecuado.

Los telecontadores  que se están empezando a instalar, utilizan la tecnología PLC (Power Line Communication  en inglés)  para transmitir los datos a alta velocidad a través de las redes eléctricas de baja tensión. La idea es que esta red de datos sea interactiva y los consumidores puedan enviar órdenes a su instalación domótica interior de manera remota.

   

Para una información más completa, recomiendo la lectura del artículo de la revista SECARTYS:em> El telecontador abre paso a la red inteligente”






En segundo lugar,  los viejos sistemas de distribución eléctrica, diseñados  para un modelo centralizado y constante de generación de energía, son poco eficientes  con la energía procedente de fuentes renovables, ya que a causa de su naturaleza variable e impredecible provoca una serie de “alteraciones” en la red. Así que con la irremediable y creciente entrada en la red de energía de fuentes renovables será necesario un cambio tarde o temprano.

 

Y por último señalar también fenómenos que están favoreciendo la aparición de nuevas necesidades, nuevas ideas y nuevas posibilidades en la red eléctrica como  el desarrollo de la tecnología digital en los equipos de medida y control de las redes eléctricas, que aumenta las posibilidades de intercomunicación, información y control remotos o los avances en el desarrollo de la comunicación entre consumidores y eléctricas por medio del contador inteligente o smart meter.  





Para conocer más sobre la Red Inteligente y ver los distintos enfoques, es muy recomendable leer el blog de INDARKI:  una exposición clara con un lenguaje sencillo que anima a leer.

Las redes inteligentes  facilitarán el cambio de paradigma energético procediendo a una auténtica democratización de la energía. Salvando las distancias, podrían suponer un cambio en la energía como internet lo ha sido en la comunicación…

Los sistemas energéticos no son un plug-and-play y distan mucho de serlo, así que alcanzar el nivel de la informática en “poder-usarse-sin-tener-ni-idea” está lejos y creo que es muy difícil de conseguir para cualquier tecnología (excepto para la informática). No sé si en el sector energético se llegará a alcanzar. Conclusión: Actualmente necesitamos ser usuarios conocedores de la tecnología, super-usuarios o usuarios avanzados (acuñad el nombre que queráis)… y no lo somos.


En relación con la viabilidad de la Red Inteligente y las posibles soluciones al problema del almacenamiento energético, Indarki apunta una propuesta interesante:


La clave pasa por un almacenamiento a mayor escala. Y ahí es donde entra en juego las distribuidoras. Creo que se debería implantar mecanismos financieros y legales para que se creasen sistemas de almacenamiento de energía a escala local, en la que puedas instalar depósitos elevados de agua, por ejemplo, para almacenamiento de energía en forma de energía potencial, a la vez que sirven de reservorio de agua para el consumo. Estaríamos hablando de almacenamientos, promovidos por la empresa que va a gestionar la red y de ciclo diario, es decir, que contribuyan a regular y controlar las oscilaciones rápidas de la red a nivel local. Que puedan “trasvasar” energía producida en horas valle a horas punta, pero no de una semana soleada a otra con nubes. He comentado el almacenamiento de agua en altura porque es la tecnología más madura actualmente de almacenamiento de energía, con un buen rendimiento y un razonable calidad/precio. Para otro tipo de tecnología, hay que pasar, en mayor o menor medida, por inversiones en I+D+I… ¿lo anotamos como sugerencia para las administraciones públicas?
  
¿Qué se necesita para ello? Un marco legal adecuado con una valoración de las instalaciones adecuado. La distribución es un mercado regulado y venía sufriendo el famoso déficit tarifario. Es complicado porque sin este tipo de inversiones, las distribuidoras ya vienen reclamando más remuneración, es decir, que se suba la tarifa… y muchos consumidores y administraciones vienen quejándose de que las distribuidoras no realizan las inversiones adecuadas en la red. ¿Afrontar nuevas inversiones? Complicado porque puede suponer una subida de las tarifas. De ahí que hable de marco legal (¿obligación legal de un porcentaje de almacenamiento en distribución?) y de valoración adecuados. Habría que entrar en el detalle si eso implica subir o no las tarifas, pero si se quiere hacer “magia” con las smart grids, más vale que vayamos considerando la posibilidad de hacer estos “trucos”, porque si no, las smart grids se van a convertir en uno de los mayores bluf de la historia de la técnica

 

¿Cómo serán estas redes inteligentes?



Una opción podría estar en utilizar las redes existentes. Según apuntan responsables de Endesa: “La base de una smartgrid (red inteligente) es coger la red eléctrica actual, que es muy buena, y superponer una red igual de buena basada en las tecnologías de la información y la comunicación”, una acción con la que se obtiene “la red del futuro”. (Así que si ellos lo dicen……..)




Quizás la solución del futuro esté en las microrredes”, sistemas pequeños y autónomos con una combinación óptima de tecnologías renovables y convencionales para cada caso, que permitan a individuos, comunidades y empresas generar su propia electricidad y vender los excedentes a la red principal. Durante el día, cuando las necesidades domésticas de electricidad son bajas, el administrador del sistema, conectado a la “Red Inteligente” mediante fibras ópticas, recoge el exceso de electricidad de las células fotovoltaicas y lo envía, a través de los cables de fuerza, a la red eléctrica. Por la noche, cuando la demanda de electricidad regional es baja, el administrador de sistema comprueba las tarifas, que varían según la demanda, y, si son lo bastante bajas, compra automáticamente el excedente y lo almacena en las baterías.




Pero la verdadera respuesta pudiera estar en las UETS  (Universal Ethernet Telecommunications Service). Como muy bien expone el Dr. José Morales Barroso en el libro Jornada Europea: La red inteligente, ahorro energético y telecomunicaciones, Ethernet fórum 2006 con una claridad y sencillez digna de agradecer por los que somos profanos en la materia.


La tecnología de la Red Universal de Telecomunicaciones Ethernet se caracteriza por su sencillez, permitiendo aumentar las prestaciones a la vez que disminuye drásticamente el consumo de energía, siendo una solución tecnológicamente viable. Es imprescindible que la Red Inteligente integre las redes eléctrica y de telecomunicación y que permita adaptar la demanda a la oferta y no a la inversa, como en el modelo actual. La Red Inteligente basada en la tecnología UETS/EFR  es capaz de transportar la electricidad y la información sobre una infraestructura común. El sistema UETS/EFR se basa en Ethernet, pero el conjunto de características que son la base de la invención, lo diferencia radicalmente de todos los sistemas empleados hasta ahora.





La idea de UETS es utilizar una sola red basada en tecnología Ethernet, muy austera en el uso de recursos, consume energía solamente cuando se utiliza el servicio (como ocurre con la red telefónica clásica). El sistema consistiría en llevar los cables de la fuerza eléctrica junto a las fibras ópticas de datos y conecta ambos, cobre y fibra, al contador de la luz, que sería también el dispositivo de acceso a las telecomunicaciones.


Pero como no es posible llevar de la noche a la mañana la fibra óptica a todos los hogares, existiría un periodo transitorio en el que se pueda utilizar los pares telefónicos, los cables coaxiales de la televisión por cable o las redes WiMAX (todos con tecnología Ethernet) para poder construir inmediatamente este modelo y poder migrar de forma gradual a una red realmente integrada.


Pero la Red Inteligente es un concepto cuya definición y posibilidades realmente están aún en desarrollo; una herramienta con un extraordinario potencial aún por descubrir. Como dice Indarki, del mismo modo, cuando los pioneros conceptualizaron Internet y lo empezaron a poner en marcha no podían predecir todas sus consecuencias sociales y culturales, el cambio energético que se avecina también es una incógnita hoy por hoy.


A continuación me gustaría compartir todos aquellos documentos que he consultado y que resultan imprescindibles si te interesa saber más sobre las redes inteligentes y a los que no he hecho referencia expresa, pero me han ayudado a entender y reflexionar:


The “Intelligent Grid”: ElectricPower Grid and Telecom Convergence, José Morales Barroso, actualmente Director de L&M Data Communications.  Es una exposición clara y completa del modelo de red inteligente UETS (Universal Ethernet Telecommunications Service)

donde se analiza qué es una red inteligente y qué objetivos se buscan con ella, así como una relación de los proyectos que hay en marcha en Europa y en España

SMART GRIDS Y LA EVOLUCIÓN DE LA RED ELÉCTRICA.  Informe del Observatorio Industrial del Sector de la Electrónica, Tecnologías de la Información y Telecomunicaciones


[R]enovables 24/7 – La infraestructura necesaria para salvar el clima.  Informe de Greenpeace Internacional en colaboración con el Consejo Europeo de energías renovables EREC



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AUTOCONSUMO. ¿Porqué tenemos derecho a producir nuestra propia energía?

Que la energía es un bien primario y necesario para todos es evidente, pero que para conseguir satisfacer las crecientes necesidades energéticas tengamos que sacrificar la salud de todo el planeta no es una verdad tan categórica. Existen alternativas y estas son las energías renovables, las únicas a las que podemos considerar a día de hoy como “sostenibles” porque pueden satisfacer las necesidades actuales de energía sin que tengamos que dejar en herencia el pago de la factura a las generaciones venideras.

En la actualidad existen tecnologías de producción eléctrica como la fotovoltaica, la mini eólica y la micro cogeneración con biomasa, adecuadas tecnológicamente para cubrir las necesidades domésticas; son modulables y fácilmente integrables en edificios.

Teniendo en cuenta el principio axiomático de que la energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede cambiar de una forma a otra, producir en nuestras casas la energía que necesitamos consumir evitará tanto su almacenamiento como su transporte a través de la red, con el consiguiente ahorro de emisiones de CO2. No se trata tanto de buscar los medios para producir más y más energía, sino de saber racionalizarla. Usar sin abusar, gastar sin derrochar. Construir trabajando con la naturaleza y no contra ella. Necesitamos crear conciencia de que tenemos que conseguir reducir nuestra dependencia energética y contribuir a minimizar el impacto del cambio climático. Cualquier cosa que hagamos, por insignificante que parezca, es algo más que nada. Tendríamos que plantearnos la producción de electricidad con energías renovables como una inversión de futuro, como una obligación ciudadana para hoy y mañana.

Y si del bolsillo se trata, debemos tener en cuenta que la evolución del coste de la electricidad sigue una tendencia creciente. Deberíamos ser conscientes de la inseguridad energética que sufrimos en toda Europa: el incremento de los costes de los combustibles fósiles, la inestabilidad política de los países exportadores; la energía nuclear, que ha quedado tan desprestigiada por los últimos acontecimientos, que hoy en día es difícil que ningún gobierno se arriesgue a instalar nuevas plantas. En la situación actual deberíamos ser conscientes de la amenaza real de subidas drásticas de los precios de la energía. Por otra parte, la tecnología eólica ha sido capaz de alcanzar prácticamente costes competitivos en 10 años de desarrollo y la tecnología fotovoltaica ha disminuido sus costes a la mitad en menos de cinco; y la tendencia es decreciente debido a los grandes avances tecnológicos logrados que están permitiendo hacerlas cada vez más competitivas.

España, por su situación geográfica envidiable, podría ser fácilmente líder mundial en energía solar, eólica y mareomotriz e incluso exportar tecnología punta a los demás países. Pero para ello deberíamos hacer ver a nuestros políticos que les va a resultar rentable electoralmente apoyar y dar prioridad a la inversión en I+D en energías renovables y potenciar su desarrollo y maduración apoyando su implantación generalizada; incentivando a través de ayudas en rehabilitaciones de viviendas y en nueva construcción. Podría ser interesante incluso empezar a plantearnos la construcción de fábricas y polígonos industriales con una visión más ecológica y de futuro, con suministros energéticos renovables y medios de reciclaje in situ para las materias sobrantes y/o contaminantes, depurando todo lo que se vierte al desagüe, en lugar de gastarnos luego miles de millones en limpiar más tarde el desastre.

En nuestro país, el uso de la energía renovable en los hogares no ha logrado un gran despliegue hasta el momento por varias razones:

– El precio de la instalación: (aunque cada vez menor, sigue siendo una inversión inicial un tanto elevada) Para abaratar costes se ve necesario un mayor apoyo gubernamental al I+D en tecnologías renovables de modo que se consigan tanto reducir los costes de producción como aumentar la eficiencia, de manera que sea cada vez más competitivo económicamente.

– La enorme burocracia: Si una persona quiere instalar paneles solares o un molino eólico en su casa particular y quiere que sus instalaciones se conecten a la red, la legislación lo contempla como empresario que vende su energía, por lo que debe darse primero de alta como sociedad, pagar los impuestos correspondientes y declarar IVA. También tendrá que lograr el punto de conexión con la red eléctrica a la que venderá la electricidad producida, darse de alta en un registro especial de productor en la Administración autonómica y precisará permisos municipales, calificación urbanística y demás. Lo que da como resultado la desmoralización de quienes pensaban realizar instalaciones renovables en sus hogares, o les deja como opción únicamente el autoabastecimiento sin compartir el excedente con las redes oficiales.

– Desconocimiento: se nos ha hecho creer que las energías renovables son caras y no permiten una autosuficiencia energética, teniéndose que apoyar siempre en sistemas alternativos. Para la producción de energía eléctrica estamos habituados a ver paneles solares fotovoltaicos y ciertamente, es una de las tecnologías más utilizadas. El problema es que por la noche no hay producción energética, así como en días muy nublados, con lluvia ó nieve, y se necesitarían medios para almacenar la energía producida durante el día. Estas formas de almacenar la energía solar actualmente no son lo suficientemente eficaces si se comparan por ejemplo con el almacenamiento de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). Pero existen soluciones con un mix energético, como son la eólica y la solar o la biomasa, el vehículo eléctrico como almacén de energía eléctrica, una gestión eficiente de la demanda y otras muchas posibilidades por desarrollar, cuando invirtamos el porcentaje de subvenciones al I+D hoy abrumadoramente a favor de las tecnologías convencionales.

En España hasta ahora todas las políticas para incentivar las energías renovables se han basado en un único objetivo: hacerlas atractivas para la inversión privada a través de un sistema de primas. De esta forma el Gobierno consigue la infraestructura necesaria para producir energía por medio de la tecnología renovable sin realizar la inversión inicial necesaria (llevada a cabo en este caso por la inversión privada) Esto es lo que ha motivado que la visión percibida por el ciudadano de a pie sea que las energías renovables son en realidad un negocio financiero, lo cual hasta ahora había sido cierto. Pero la situación ha cambiado radicalmente y ha llegado la hora de dejar paso al autoconsumo, un avance que significará:

– Un ahorro energético para nuestro país.
– Un ahorro para nuestros bolsillos como consumidores: una vez amortizada nuestra instalación nos olvidaremos para siempre de pagar la factura eléctrica.
– Prevenir futuras crisis energéticas debidas a nuestra gran dependencia exterior.
– Nuestra contribución particular contra el cambio climático.

En el sistema eléctrico español, la electricidad no se almacena sino que fluye constantemente desde los puntos de producción hasta los de consumo a través de la red eléctrica. Esto obliga a enormes desplazamientos de energía desde las grandes centrales a los centros de consumo, con las consiguientes pérdidas y costes.

Una pequeña instalación de autoconsumo funciona igual que una central pero evita desplazamientos de energía puesto que se consume en el mismo sitio que se produce.

Pero ¿qué pasa si no consumimos toda la energía generada por nuestro sistema de producción ó nos vamos de vacaciones? ¿Se desperdicia esta energía? En otros países como Estados Unidos, Japón, Dinamarca, Italia y más recientemente Alemania, han implantado un sistema llamado medición neta (net metering). De este modo, si en algún momento sobra energía, esta se vuelca a la red y se consume por el vecino más próximo que la demande. Para ello es preciso que el contador mida la energía exportada, de la misma manera que mide la consumida. Esto permite a los abonados domésticos entregar a la red pública los excedentes generados con energía renovable y poder ser remunerado por ello.

La medición neta es una herramienta para incentivar la participación de la ciudadanía en el desarrollo de las energías renovables y facilitar una mayor diversificación de las fuentes de generación y, por tanto, incrementar la independencia energética del país. Además, el sistema permite reducir los costes de interconexión y administrativos de las empresas concesionarias del sistema eléctrico en lo que se refiere a las redes de distribución y transporte eléctrico.

Para el IDEA (Instituto para la diversificación y ahorro de energía), el propietario de una instalación de autoconsumo que quiere verter a la red su excedente de energía eléctrica no es un productor sino un consumidor y por tanto no puede recibir una remuneración económica. Pero como para el consumidor es más caro almacenar en baterías ese excedente para poder usarlo cuando lo necesite, se le ofrece la posibilidad de volcarlo a la red y obtener un crédito a consumo, es decir, compensar el saldo a su favor en la factura del mes siguiente, y si no a la siguiente, siempre dentro de un plazo máximo en el que este excedente se pueda compensar (para que no se pueda seguir acumulando sine die).

En este caso, la red actúa como colchón para absorber los excedentes de producción con la participación del comercializador.

Según Vicente López-Ibor Mayor, Director Académico del Curso Superior de Derecho de la Energía del Instituto de Empresa-Club Español de la Energía:

”la finalidad de incentivar la Fotovoltaica por medio de tarifas reguladas a su producción tiene como objetivo crear un entramado industrial y empresarial que permita hacer competitiva en costes su generación para dejar de depender de ayudas. Conseguir alcanzar este punto se denomina paridad de red (“grid parity”).

Existen 2 enfoques:

1º.- Desde el punto de vista de la producción, cuando el kWh fotovoltaico pueda competir en precios en el Mercado Mayorista (“pool”).

2º.- Desde el punto de vista de la demanda, cuando el kWh fotovoltaico producido por un consumidor tenga el mismo coste que el vendido por la compañía distribuidora.

La 2ª situación puede llegar a producirse muy pronto. Se baraja que allá por el año 2015. No obstante, el autoconsumo requiere una regulación específica, y claro, esto choca frontalmente con los intereses de las grandes compañías eléctricas… Sería una intrusión en su negocio, y una transferencia a los consumidores del poder que otorga el control de un bien de primera necesidad…

La liberalización no es un acto que implica la inmediata y automática conversión de antiguos monopolios en un mercado fluido de libre asignación de la oferta y la demanda. La liberalización es un diseño regulatorio en etapas cuyo objetivo final es abrir a los mecanismos competitivos unos sectores –eléctrico e hidrocarburos–, que se encontraban, directa o indirectamente, intensamente intervenidos. Y hacerlo en beneficio de los consumidores, que dispondrán así de una más amplia oferta de operadores, servicios o productos o una mejor calidad de aquellos, gracias a la presión ejercida por la rivalidad competitiva.

En resumen, podemos ver que la paridad de red es el momento en el que el coste de la electricidad de la red y el coste de la electricidad fotovoltaica es el mismo. Antes de alcanzar la paridad de red nos resulta más barato comprar la energía eléctrica a la compañía distribuidora, y por lo tanto para que las personas inviertan en energía fotovoltaica tiene que existir una Tarifa que permita que esta inversión sea rentable. Pero una vez que hayamos pasado la paridad de red la energía renovable comenzará a ser más económica que la electricidad que consumimos y por lo tanto empezará a ser más interesante generar nuestra propia electricidad.

Se puede apreciar más fácilmente en este gráfico sacado del informe estratégico para el sector fotovoltaico en España titulado “Acercándonos a la paridad de red”, que la consultora KPMG realizó en noviembre de 2009 para ASIF (Asociación de la Industria Fotovoltaica)http://www.kpmg.com/ES/es/ActualidadyNovedades/ArticulosyPublicaciones/Documents/Informe_estrategico_para_el_sector_fotovoltaico_en_Espana_acercandonos_a_la_paridad_de_red.pdf

El mencionado informe muestra el camino por el que, en opinión de ASIF, debería transitar el sector fotovoltaico e indica que la clave es que los consumidores puedan producir y consumir su propia electricidad. Los números planteados estiman que en el año 2020 el mercado fotovoltaico puede crecer un 35% sin que aumente la tarifa eléctrica, se reduciría un 5% la dependencia energética, se crearían más de 50.000 empleos directos y se ahorrarían 2.500 millones de euros en emisiones de CO2.

El estudio también establece que será a mitad de la década cuando al consumidor le resulte más rentable instalar unos paneles fotovoltaicos y consumir la electricidad que estos generen, que comprar la misma electricidad a la compañía comercializadora. Esto sucederá por la subida del precio de la electricidad, la tendencia es de un 4,5% anual, y la reducción de la tarifa fotovoltaica que con la regulación vigente decrece entre un 10 y un 16% cada año.

En ese contexto se propone incentivar el autoconsumo hasta que se obtenga la paridad de red. Los consumidores, por su parte, ahorrarían directamente del recibo de la luz. En el caso del autoconsumo residencial entre el 60% y el 80% anual, mientras que en el mercado comercial/industrial entre el 30% y el 50%.

El mayor crecimiento fotovoltaico hasta 2020 produciría, según el informe, beneficios diversos. “La contribución al PIB español estaría situada entre los 3.800 y 5.800 millones de euros (del 0,18% al 0,28% del PIB). En total, habría entre 36.000 y 54.000 empleos directos. La dependencia energética se reduciría entre un 4% y un 5%, y el pico de demanda eléctrica entre un 3% y un 6%. Se ahorrarían entre 2.200 y 2.500 millones de euros en pagos por emisiones de CO2 y se facilitaría la consecución de los objetivos ambientales y de penetración de las energías renovables de 2020”.

Así que, ¿podemos sacar en conclusión que antes de llegar a esta paridad de red , hoy por hoy no es rentable económicamente para el ciudadano una instalación de autoconsumo energético?

Jordi Miralles de la Fundación Tierra, y Ana Marco de la Fundación Ecología y Desarrollo, dentro del informe realizado para la campaña que llevan a cabo para reclamar al gobierno que facilite la implantación de renovables en el sector doméstico señalan:

Si del actual parque de viviendas censado en España (unos 22 millones), tan sólo una cuarta parte se implicaran en los próximos diez años en la autoproducción eléctrica con el equivalente a 2 kW renovables, obtendríamos una potencia renovable de 11 GW capaces de generar al año de 13.200 GWh año, un 25 % de lo que genera actualmente el parque de centrales nucleares.


En un edificio plurifamiliar moderno de 20 viviendas, con garaje y ascensor e iluminación eficiente el consumo eléctrico anual puede alcanzar fácilmente los 20 000 kWh con un coste económico estimado de unos 3000 euros y la emisión de 10 toneladas de CO2.


Con una autorización de medición neta para auto producir electricidad, compensar todo el consumo eléctrico se conseguiría, por ejemplo, con una central fotovoltaica de 15 Kw (ocuparía unos 130 m2 de superficie de la cubierta). La inversión en esta central solar (precios 2010) sería de unos 45 000 euros. En unos 15 años el ahorro energético estaría amortizando la inversión, contando que la tarifa eléctrica no se incrementara, algo improbable. La vida media de esta instalación sería de mínimo 25 años.
Si además, el excedente que se generara fuera bonificado con una tarifa especial por los beneficios ambientales de la inversión hecha por la comunidad, el período de amortización sería menor y motivaría más. La autoproducción energética es una de las pocas vías que tienen las comunidades de vecinos de contribuir a la lucha contra el cambio climático y a reducir la dependencia energética.

El pasado 11 de abril de 2011, el Ministerio de Industria envió al Consejo Consultivo de electricidad el nuevo “Proyecto de Real Decreto por el que se regula la conexión a red de instalaciones de producción de energía eléctrica de pequeña potencia”. La organización Greenpeace, a través del Consejero representante de las organizaciones de defensa ambiental en el Consejo Consultivo de Electricidad, ha presentado algunas alegaciones al Real Decreto, entre las que se encuentran la de excluirlas de los cupos de potencia que establece el Gobierno. También se pide que no se exija el depósito de aval a este tipo de instalaciones.

“Es fundamental que se permita autoconsumir la electricidad que generemos con nuestras propias instalaciones de energía limpia”, ha declarado José Luis García Ortega, responsable de proyectos de Energía limpia de Greenpeace. “El autoconsumo ayudará a hacer un uso más eficiente y racional de la energía y permitirá un aprovechamiento generalizado y distribuido de las energías renovables”.

Pero creo que lo más importante es la divulgación, que estemos bien informados, porque en la gran confusión al público está el beneficio del lobby energético, que vela por sus intereses económicos, no por los nuestros ni por nuestros herederos. Es necesario exigir a nuestros gobernantes que establezcan las leyes necesarias para el beneficio de la mayoría, como se espera de una democracia consolidada como la nuestra.